Wear it like... Molly Blutstein
El arte de la feminidad desenfadada: vestirse con intuición, contraste y un toque de caos.
Hay un tipo concreto de mujer que consigue que un camisón de seda, unas bailarinas y unas gafas de sol vintage resulten más interesantes que el outfit de pasarela más meticulosamente combinado. Y esa es la creadora de contenido y MANGO Girl, Molly Blutstein, más conocida como @accidentalinfluencer, quien combina suavidad y elegancia con un toque desenfadado y ligeramente imperfecto que hace que su armario sea irresistible y objeto de deseo para muchas.
Y es que su gusto por los tejidos delicados, los detalles de encaje, los tonos apagados y las siluetas sinuosas, combinados de una forma que en ella resulta natural en lugar de percibirse como excesivamente arreglada, consigue capturar esa sensación casi sagrada en el mundo de la moda de “estar guapa sin esforzarse demasiado”, es decir, romántica, discreta, un poco nostálgica y muy cool.
¿Cómo describiría su estilo personal? ¿Cómo elige su look por las mañanas? ¿Qué es lo que le atrae tanto de la estética de los 90? Estas y otras son algunas de las preguntas que Molly nos ha respondido a través de la creación de tres estilismos basados en nuestra colección de verano, inspirándose en un término que, para nosotros, representa a la perfección su estilo: la feminidad desenfadada.
Vestirse por instinto
En un panorama dominado por estéticas con denominaciones cada vez más específicas, el atractivo de la feminidad desenfadada radica precisamente en su rechazo a encajar en una categoría concreta. Para nuestra MANGO Girl, no se trata tanto de seguir una fórmula específica como de dejarse llevar por el instinto, la contradicción y la personalidad de cada una: “Describiría mi estilo como femenino, desenfadado, moderno y siempre intencionadamente desequilibrado”, afirma entre risas. “Siempre estoy jugando con el color, la textura, los estampados y las formas para crear mi propio estilo”. Uno de sus principios favoritos a la hora de vestirse es saber cuándo parar. “¿Cómo evito que un conjunto resulte demasiado pulido? Añado algo más informal a la ecuación, algo que me resulte menos recargado”. A veces es el peinado. A veces son los zapatos. A veces es un complemento con un poco más de carácter. “Todo eso puede ayudar a aportar ese toque más informal y desenfadado”. Al fin y al cabo, la perfección puede resultar aburrida. El carácter, rara vez lo es.
Para Molly, vestirse es una forma de expresión creativa. Sus mañanas se rigen menos por la planificación y más por la intuición: “Cómo escojo mi look a menudo depende del tiempo, de la estación, de mi estado de ánimo y de si he tenido algún estímulo externo que me haya inspirado”, explica. “Aunque solo sea el árbol que veo desde mi ventana”. Una página de un libro, un vídeo visto mientras se toma un café, un color que ve durante un paseo matutino... Cualquier cosa puede convertirse en el punto de partida para la americana, lo cual supone una perspectiva refrescante en una época en la que las redes sociales suelen animarnos a consumir inspiración sin fin en lugar de interpretarla personalmente.
La nostalgia que redefine la feminidad
Pero, ¿qué es para ella la feminidad desenfadada? Su interpretación parece menos estética y más filosófica. “Supongo que es una forma de cuestionar la idea típica de feminidad y dejar que cambie y evolucione como quiera”. Es un enfoque que resulta especialmente relevante hoy en día, cuando la feminidad ya no se define por una única silueta, actitud o conjunto de normas. En cambio, una puede sentirse más romántica un día, minimalista al siguiente y algo entremedias el resto del tiempo.
Dicho esto, si llevas un tiempo siguiendo a @accidentalinfluencer sabrás que lo retro y lo vintage están presentes en sus fórmulas de estilo, sobre todo lo perteneciente a las décadas de los 90 y los 2000: “Lo que me atrae de esas décadas es la naturalidad que transmiten”, explica. “Todo era más informal y desenfadado, pero igualmente elegante, femenino y cuidado a su manera”. Al preguntarle por la naturalidad que hay detrás de este enfoque de la feminidad, explica: “Realmente creo que todo se reduce a cómo te sientes por dentro, contigo misma”, afirma. “No hace falta añadir mucho cuando te sientes bien con lo que llevas puesto”. Según la influencer, la confianza puede transformar por completo la forma en que se percibe la ropa. Y, ¿qué hay más poderosamente femenino que eso?
La realidad de Nueva York
Al igual que muchos amantes de la moda que se mudan a Nueva York, Molly descubrió rápidamente que la ciudad pone a prueba la relación entre el estilo y la practicidad: “Tengo que pensar más en la comodidad y la durabilidad”, admite. “Salgo y camino mucho más”. Y, sin embargo, hay hábitos que cuesta mucho cambiar. “Aunque a menudo hago caso omiso de eso y me pongo exactamente lo que me apetece”, dice riendo. “Lo cual suelo lamentar después, pero siempre me arriesgaré por un buen look”. Es un sentimiento que cualquiera que haya antepuesto alguna vez su pasión por los zapatos a la comodidad, entenderá al instante.
A pesar de ello, Molly intenta seguir cierto uniforme de verano, uno que resulta maravillosamente sencillo y fácil de recrear: “Una camiseta blanca sencilla y una falda bonita, o un vestido de seda lencero, con sandalias o bailarinas, y un buen bolso”. Es una fórmula que podríamos denominar atemporal, más que dictada por las tendencias. Sin embargo, lo que la hace especialmente interesante es el contraste que introduce: “Siempre con algún accesorio funcional o con detalles metálicos para equilibrarlo todo”. Ese sencillo gesto se repite en todo su armario: la suavidad interrumpida por la estructura, el romanticismo atenuado por la practicidad. “La elección de los materiales y los colores lo es todo”, afirma. “Si llevo un top de encaje delicado, quiero asegurarme de incorporar algunos materiales más oscuros o duros. Siempre habrá un tira y afloja entre esos elementos más ligeros y delicados y los más estructurados y pesados”.
Es un truco de estilismo que algunas de las figuras más perdurables de la moda —desde Jane Birkin hasta Winona Ryder— han dominado de forma intuitiva: nunca dejar que un conjunto resulte demasiado predecible.
Conectar a través del estilo
En definitiva, la moda es una forma de comunicación. Cuando se le pregunta qué espera que sienta la gente al ver su estilo, su respuesta no tiene que ver con la admiración ni con la validación. “Quiero que la gente se inspire, se emocione, y conecte con lo que llevo puesto”, afirma. Molly es alguien que no se viste para impresionar, sino para expresarse. Y quizá eso es lo que hace que la feminidad desenfadada resulte tan atractiva: no se trata de parecer perfecta, sino de parecer tú misma.